PARTE 1
—Qué bueno que viniste con la niña… así Andrés ya no podrá seguir diciendo que fue un “malentendido”.
Mariana Salgado dijo esa frase sin levantar la voz, pero en la sala de juntas del despacho todos se quedaron quietos, como si alguien hubiera apagado el aire.
Su bebé tenía apenas 12 días de nacida. Mariana la llevaba dormida contra el pecho, envuelta en una mantita color crema que le había regalado su hermana. Ella no traía tacones, ni maquillaje de revista, ni cara de querer dar lástima. Solo una blusa blanca, pantalón negro flojo porque todavía le dolía el cuerpo después del parto, y una mirada que ya no pedía permiso.
Del otro lado de la mesa estaba Andrés Cárdenas, empresario inmobiliario de Guadalajara, dueño de edificios, restaurantes y una imagen pública impecable. Siempre hablaba de “valores familiares” en entrevistas, siempre aparecía sonriendo en eventos de beneficencia.
Y a su lado estaba Regina.
Su amante.
Regina llevaba vestido azul cielo, joyería discreta y esa seguridad cruel de quien cree que ya ganó. Pero cuando vio a la bebé, su sonrisa se le cayó.
—¿Esa niña es…? —preguntó, mirando a Andrés.
Mariana acomodó la mantita.
—Se llama Lucía. Nació hace 12 días.
Regina se volvió lentamente hacia él.
—Me dijiste que ella ya no vivía contigo desde hace un año.
Andrés apretó los labios.
—No es el momento, Regina.
Mariana soltó una risa seca.
—Claro que no. El momento perfecto era cuando me dejaste sola en urgencias diciendo que tenías una junta en Monterrey.
El licenciado Barragán, abogado de Mariana, abrió una carpeta sin perder la calma. El abogado de Andrés evitaba mirarla.