A punto de morir, un general pidió ver al presidente y soltó la confesión que nadie quería escuchar: “Los héroes fueron castigados, y los culpables fuimos premiados”
A las 3 a.m., el teléfono del presidente Petro sonó con urgencia. Al otro lado se escuchaba la voz temblorosa del director del Hospital Militar.
—Señor presidente, el general Rodríguez está en sus últimas horas. Pide verlo. Dice que tiene algo que mostrarle antes de morir, algo que Colombia necesita saber.
Cuando Petro llegó a aquella habitación de hospital, jamás imaginó que las palabras de un veterano de 92 años cambiarían para siempre su comprensión de la historia de su país y lo obligarían a enfrentar una injusticia enterrada durante medio siglo.
El Hospital Militar Central de Bogotá estaba en silencio a esa hora de la madrugada. Solo el sonido de las máquinas médicas y los pasos apresurados de las enfermeras rompían la quietud.
En la habitación 412 del cuarto piso, en la unidad de cuidados especiales para oficiales retirados, el general Hernando Rodríguez Vargas yacía conectado a múltiples tubos y monitores.
A su edad, su cuerpo finalmente cedía después de décadas de servicio militar, tres guerras, incontables operaciones y toda una vida dedicada a defender la patria.
Pero su mente seguía lúcida, alerta, sostenida por la urgencia de una última misión que debía cumplir antes de cerrar los ojos por última vez.