Camilo retrocedió.
—¿Qué significa eso?
La mujer miró las camas.
—Cada cierto tiempo, María Inés debe abandonar este lugar.
—¿Por qué?
—Porque el cuerpo humano tiene límites.
Fonseca sintió un escalofrío.
—¿Cuánto tiempo lleva haciendo esto?
La superiora guardó silencio.
Después respondió:
—Desde que construyeron el convento.
—¿Quién es María Inés?
La mujer bajó la mirada.
—La primera.
Fonseca miró las paredes.
—¿La primera qué?
La superiora se acercó.
—La primera que abrió la puerta.
Entonces las luces se encendieron.
Todas las mujeres de las camas abrieron los ojos al mismo tiempo.
Camilo gritó.
Fonseca se quedó paralizado.
No había una sola expresión de sueño en aquellos rostros.
Todas estaban mirando hacia él.
La superiora susurró:
—Ahora que usted conoce el secreto, doctor, ya no puede marcharse.
Fonseca sacó lentamente su teléfono.
—¿Qué secreto?