Quince años después… ese día llegó.
El auditorio estaba lleno. Padres orgullosos, cámaras, murmullos y sonrisas nerviosas. Yo estaba sentada en la tercera fila, con las manos temblando, apretando fuerte el programa de la ceremonia.
Lucía estaba a punto de subir al escenario.
Había trabajado años para ese momento. No fue suerte. Fueron noches sin dormir, sacrificios, estudiar con hambre, levantarse cuando todo parecía en contra.
Y entonces…