Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos.
“Eres el mejor hombre que he conocido.”
Entonces hizo algo que nadie esperaba.
Bajó la cabeza en señal de respeto.
Y empezó a aplaudir.
Por un momento, nadie se movió.
Entonces otro estudiante se levantó.
Y otro.
Luego un profesor.
Luego un padre.
En cuestión de segundos, todo el auditorio se puso en pie.
Los aplausos retumbaron por todo el edificio.La ovación de pie no era para la mejor alumna.
No era para los graduados.
Era para el hombre del viejo traje gris.
Poco a poco, mi abuelo se puso en pie.
Enderezó los hombros.
Alzó la barbilla.
En ese momento, no era un conserje.
No era el “hombre de la fregona sucio”.
No era un remate.
Era un héroe.
El único título que necesitaré
Cuando terminó la ceremonia, caminamos hacia el aparcamiento.
Esta vez, no tenía prisa por irme.