Derek dejó de sonreír.
—¿Qué?
La doctora señaló el monitor.
—Una vasectomía no hace que un hombre sea estéril inmediatamente. Después de la operación todavía pueden quedar espermatozoides en el aparato reproductor durante semanas. Por eso se exige un análisis de semen de seguimiento y se recomienda utilizar anticoncepción hasta recibir la confirmación médica.
El rostro de Derek perdió color.
—Pero el cirujano dijo que era una operación sencilla.
—Lo es —respondió ella—. Pero sencilla no significa instantáneamente efectiva.
Jessica cruzó los brazos.
—Entonces ella pudo haber estado con otro hombre.
La doctora la miró.
—Eso no puedo determinarlo yo. Lo que sí puedo decir es que la vasectomía de hace ocho semanas no permite concluir que el señor haya sido incapaz de fecundar a su esposa.
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
No de tristeza.
De alivio.
Derek se quedó completamente quieto.
—¿Está diciendo que…?
—Estoy diciendo que usted necesita un análisis de semen. Y si existe una disputa de paternidad, una prueba de ADN puede resolverla después del nacimiento, o en determinadas circunstancias mediante procedimientos prenatales supervisados por especialistas. Pero no debería acusar a su esposa de infidelidad basándose únicamente en una vasectomía reciente.
Jessica lo miró.
—Derek…
Él no respondió.
Yo sí.
—Te lo dije.
Me senté lentamente mientras la enfermera limpiaba el gel de mi abdomen.
—Te dije que no te había engañado.
Derek se acercó un paso.
—Sarah, yo…
Levanté la mano.
—No.
Por primera vez desde que había visto aquellas dos líneas rosas, sentí que podía respirar.
—No quiero una disculpa porque la doctora acaba de explicarte algo que yo intenté explicarte desde el primer día.
Derek bajó la mirada.
—Tenía miedo.
—Yo también tenía miedo.
Señalé mi vientre.
—Pero no convertí mi miedo en una acusación contra ti.