“MAMÁ, NO SÉ SI PUEDES VERME DESDE ALLÁ ARRIBA… PERO HICE ESTO POR TI”

Sin culpa.

Sin sentir que sonreír significa olvidar.

Unos meses después, mi profesora me preguntó:

—¿Qué quieres hacer con tu dibujo?

Lo pensé.

—Quiero llevármelo a casa.

—¿Por qué?

Sonreí.

—Porque ahora sé que no necesito esconder que la extraño.

Quiero recordarla.

Pero también quiero seguir viviendo.

PARTE 4 — “MAMÁ, SEGUÍ ADELANTE”

Pasaron varios años.

Yo crecí.

Terminé mis estudios.

Comencé a trabajar.

Conocí personas nuevas.

Tuve momentos buenos y otros no tan buenos.

Y, poco a poco, aprendí a vivir con una ausencia que ya no dolía de la misma manera.

Todavía había días en los que extrañaba a mi madre.

Pero ya no sentía que debía esconderlo.

Guardé aquel dibujo durante mucho tiempo.

El papel comenzó a deteriorarse.

Algunas líneas perdieron intensidad.

Pero nunca quise tirarlo.

Un día, muchos años después, lo encontré dentro de una caja.

Lo saqué cuidadosamente.

Lo observé.

Sonreí.

El dibujo no era técnicamente perfecto.

Pero para mí seguía siendo uno de los cuadros más importantes que había hecho.

Entonces comprendí algo.

Aquel niño que había dibujado a su madre no necesitaba que alguien le dijera:

“Ya deberías olvidarla.”

Necesitaba escuchar:

“Está bien extrañarla.”

“Está bien hablar de ella.”

“Está bien llorar algunas veces.”

Y también:

“Está bien volver a sonreír.”

Porque superar una pérdida no significa borrar a una persona de nuestra memoria.

Significa aprender a continuar llevando su recuerdo de una manera que nos permita vivir.

Hoy, cuando miro aquel dibujo, ya no siento solamente tristeza.

Siento gratitud.

Porque tuve una madre que me enseñó a creer en mí.

Una madre que me enseñó que equivocarse no significa fracasar.

Una madre que me enseñó que la bondad puede cambiar el día de alguien.

Y una madre que, incluso sin estar aquí, sigue formando parte de quien soy.

A veces imagino que puedo hablar con ella.

Y entonces le digo:

—Mamá, terminé mis estudios.

—Mamá, conseguí mi primer trabajo.

—Mamá, ayudé a alguien que lo necesitaba.