PARTE 1 — EL LADRILLO QUE ROMPIÓ MI VIDA

Cerré los ojos por un momento.

“No.”

“Qué pasó;”

“Mi padre me pegó a propósito.”

El detective notó algo.

“¿Y por qué?”

Miré a Wyatt.

Me estaba tomando de la mano.

“Porque se negó a dejarme por mi hermana.”

Unas horas más tarde, seis testigos ya habían prestado declaración.

Y entonces sucedió algo que ninguno de nosotros esperaba.

Un voluntario de edad avanzada entró en la habitación.

Tenía un sobre en la mano.

“Esto es para el señor Wyatt.”

Wyatt se lo llevó.

Solo había un nombre.

Samuel Grayson.

En el reverso había seis palabras escritas a mano:

“PREGUNTA POR EL TESTAMENTO DE TU ABUELO.”

Miré a Wyatt.

“¿Quién es?”

No tuvo tiempo de responder.

La puerta del quirófano se abrió.

“¿Sospechoso? Estamos preparados.”

Y mientras las enfermeras me empujaban hacia adentro, tuve la sensación de que el ladrillo era solo el principio.

Porque alguien ya había empezado a desenterrar un secreto que mi familia había guardado durante años.
PARTE 2 — EL ABOGADO QUE CONOCÍA LA VERDAD

Me desperté después de la cirugía con la cara cubierta de vendas.

El dolor era insoportable.

Tenía el ojo izquierdo casi completamente cerrado.

Durante unos segundos no recordé nada.

Entonces vi a Wyatt.

Estaba sentado a mi lado.

Él no se había marchado.

“Wyatt…”

Saltó de la silla.

“Aquí estoy.”

“Cuánto tiempo…”

“Casi dos días.”

“¿No te fuiste?”

Él sonrió.

“No había manera.”

Se inclinó hacia mí.

“Te amaba antes de ese ladrillo. Te amo ahora. Y te amaré con cada cicatriz que tengas.”

Comencé a llorar.

No por dolor.

De alivio.

Entonces entró el detective Beckett.

“Tenemos novedades.”

Los seis testigos habían prestado testimonios prácticamente idénticos.

El electricista había llamado a la policía.

Los vecinos tenían cámaras de seguridad.

El ladrillo había sido confiscado.

Y había rastros de mi sangre en él.

“Tu padre ha sido arrestado.”

Cerré los ojos.

“¿Mi madre?”

“Está siendo interrogado.”

“¿Melani?”

Beckett dudó.