Enterrada viva durante más de 30 horas: La madre que mantuvo con vida a su hijo recién nacido respirando una y otra vez.

Debajo reinaba el silencio.

A su alrededor reinaba la oscuridad.

El apartamento que una vez albergó recuerdos familiares, conversaciones y las esperanzas de un nuevo comienzo se había convertido en una tumba de hormigón y escombros.

Sin embargo, en medio de esa destrucción, había algo que importaba más que cualquier otra cosa.

Su bebé seguía con ella.

Pero Dayana no podía verlo.

La oscuridad era total. No podía mirarle la cara. No podía ver cómo su pecho subía y bajaba. No podía abrazarlo como lo haría una madre normalmente.

Solo tenía una manera de saber si su hijo seguía vivo.

Ella extendió la mano hacia él.

Y le tocó la naricita.

Ese simple gesto se convirtió en su conexión con la esperanza.

Una y otra vez, durante horas que parecían interminables, Dayana repitió la misma acción.

Ella se puso en contacto.

Ella sintió su aliento.

Ella sabía que él estaba vivo.

Y como él estaba vivo, ella decidió que también se mantendría viva.

Más tarde, al describir aquellas horas aterradoras, Dayana explicó que su hijo se convirtió en la razón por la que se negó a rendirse.

No pensaba en sus heridas. No pensaba en lo imposible que parecía la situación. No pensaba en el enorme peso que pesaba sobre ella.

Ella estaba pensando en Juan David.

Un recién nacido no comprende lo que es un desastre. No entiende los terremotos, los edificios derrumbados ni las operaciones de rescate que tienen lugar en algún lugar por encima de él.

Él solo sabe una cosa.

Su madre está allí.

Y Dayana lo entendió.

Sabía que si dejaba de luchar, su hijo perdería a la única persona que lo protegía.

Así que se mantuvo despierta.

Ella se mantuvo concentrada.

Ella sobrevivió.

Una pequeña respiración a la vez.

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El padre de Juan David, Gerson Trujillo, sobrevivió al terremoto al escapar de la estructura que se derrumbaba momentos antes de que el desastre consumiera el edificio. Como muchos supervivientes de catástrofes, sus primeros instantes tras el suceso estuvieron marcados por la confusión y el terror.

Sabía que algo terrible había sucedido.

Pero aún desconocía el destino de su esposa y su hijo recién nacido.

En desastres como este, el tiempo se vuelve cruel.

Cada minuto parece interminable.

Cada pregunta sin respuesta se vuelve más pesada.

Para Gerson, la idea de que su esposa y su bebé pudieran estar enterrados bajo las ruinas era casi insoportable.

Pero el dolor no lo detuvo.

El miedo no lo detuvo.

Comenzó a buscar.

Los vecinos realizaron una búsqueda.

Los equipos de rescate realizaron la búsqueda.