Andrés sintió que el aire se acababa.
Gael empezó a llorar otra vez.
—Es verdad, papá. Nosotros la vimos.
Desde la terraza, Fernanda soltó una carcajada elegante, como si nada hubiera pasado.
Andrés miró a sus hijos, luego miró a su esposa, y por primera vez entendió que aquella casa llena de mármol podía estar construida sobre una mentira horrible.
No podía creer lo que estaba a punto de pasar…
PARTE 2
Andrés no reaccionó de inmediato.
No gritó.
No corrió a enfrentar a Fernanda.
Solo abrazó a sus hijos con fuerza, sintiendo cómo sus cuerpecitos temblaban contra su pecho.
—Escúchenme bien —les dijo en voz baja—. Ustedes no hicieron nada malo. Papá les cree.
Emiliano rompió en llanto.
Gael le preguntó:
—¿Rosita se va a quedar en la cárcel por nuestra culpa?
—No, hijo. No por su culpa. Y si lo que me dijeron es verdad, tampoco por culpa de ella.
Los acostó en su cuarto, pero ninguno pudo dormir.
Gael abrazó un dinosaurio de peluche.
Emiliano se tapó hasta la nariz.
Andrés se quedó sentado en la alfombra hasta que los 2 cerraron los ojos.
Después bajó sin hacer ruido.
Fernanda seguía en la terraza, tomando vino blanco.
—¿Ya se calmaron los niños? —preguntó, aburrida—. Mañana se les olvida. A esa edad hacen berrinche por todo.
Andrés la miró.
Por dentro, quería exigirle la verdad ahí mismo.
Pero conocía a Fernanda.
Sabía llorar bonito.
Sabía hacerse víctima.
Sabía convertir cualquier acusación en ataque contra ella.
Así que solo dijo:
—Necesito revisar unas cosas de la oficina.
Fue directo al cuarto de seguridad.
La casa tenía cámaras en la entrada, el garaje, los pasillos y el patio.
Fernanda las había mandado instalar porque decía que “una casa de ese nivel no podía estar desprotegida”.
Qué ironía.
Andrés revisó la grabación de esa tarde.
A las 5:08, Rosa aparecía en el patio con los gemelos, sentada en el pasto, ayudándolos a pintar una caja de cartón como si fuera un castillo.
A las 5:12, Fernanda cruzaba el pasillo de servicio.
Llevaba una cajita verde en la mano.
Miraba a ambos lados.
Entraba al cuarto de Rosa.
Salía 4 minutos después sin la caja.
Andrés sintió náuseas.
Pero lo peor vino después.
En la imagen apareció Emiliano.
El niño se quedó congelado al final del pasillo.
Fernanda lo vio.
Se acercó a él.
La cámara no tenía audio, pero la imagen era suficiente.
Fernanda lo tomó del brazo.
Se agachó hasta quedar frente a su cara.
Le habló muy cerca.
Emiliano empezó a llorar.
Luego apareció Gael.
Fernanda también lo jaló.
Les señaló la puerta.
Después levantó un dedo frente a su boca.