Se inclinó para besarle la frente.
Y entonces lo sintió.
Un soplo.
Mínimo.
Casi imposible.
Luego vio cómo el pecho de Esteban subía apenas, como una vela a punto de apagarse.
Doña Refugio se quedó helada.
—Está vivo —susurró.
Nadie se movió.
Ella levantó la cara, con los ojos desorbitados.
—¡Mi hijo está vivo, cabrones! ¡Está respirando!
Valeria dio 2 pasos hacia atrás.
Y, antes de taparse la boca, se le escapó una frase que dejó a todos sin sangre:
—No puede ser… la dosis era suficiente.
PARTE 2
El panteón entero quedó paralizado.
Doña Refugio no necesitó escuchar más.
Se metió medio cuerpo dentro del ataúd, tomó la cara fría de Esteban entre sus manos y empezó a gritar como si pudiera jalarlo de regreso a la vida.