Sus tarjetas de crédito habían sido bloqueadas.
Y la empresa donde trabajaba había recibido la notificación para que cualquier bono extraordinario quedara retenido hasta la resolución del proceso.
—¡Esto es una locura! —gritó.
Uno de los funcionarios respondió con absoluta calma.
—No, señor. Esto se llama procedimiento legal.
Sienna lo miró horrorizada.
—Espera… ¿me dijiste que la casa era tuya?
Ethan tragó saliva.
—Yo… pensaba que sí.
—¿Pensabas?
Ella dio un paso atrás.
—Vendí mi apartamento porque dijiste que viviríamos aquí.
Él no encontró palabras.
Por primera vez desde que comenzó aquella aventura, Ethan estaba completamente solo.
Ni el terreno.
Ni la casa.
Ni el dinero.
Ni siquiera la confianza de la mujer por la que había destruido su familia.
Desde el otro lado de la calle, observé toda la escena desde mi coche.
No sentí alegría.
Tampoco odio.
Solo una paz que no conocía desde hacía muchos años.
Encendí el motor.
En ese momento, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de mi hijo.
“Mamá… ¿podemos hablar cuando tengas tiempo? Creo que hay muchas cosas que no vimos.”
Sonreí.
No porque Ethan hubiera perdido.
Sino porque, por primera vez, mis hijos estaban empezando a ver la verdad.
Y eso apenas era el comienzo.