Luego me miró y dijo: “Si Calvin quiere que me vaya, entonces iré.”
La abracé y le prometí que la cuidaría.
No sabía que estaba ayudándola a traicionar.
Al día siguiente, escuché a mi madre decir que la abuela había transferido el dinero.
Todo.
Más de treinta mil dólares.
Parte 2
Por fin llegó el día de la partida. Condujimos de Greenville a Atlanta, mis padres hablando emocionados sobre restaurantes y turismo mientras yo me sentaba atrás cogiendo la mano de la abuela.
En el aeropuerto, la familia de la tía Paula ya estaba esperando. Todos parecían impecables y listos para las vacaciones. Nos pusimos en la cola de registro y me sentí nervioso de la mejor manera posible.
Entonces la abuela susurró: “Calvin, ¿dónde está mi billete?”
Mi padre estaba en la barra, con cara de tensión. Cuando volvió, dijo que había un problema con el sistema de reservas y que el billete de la abuela no había sido confirmado.
La abuela le miró directamente y preguntó: “¿Alguna vez me reservaste un billete?”
Dudó.
Luego dijo que era demasiado mayor, que el vuelo sería duro para su salud y que debería quedarse en casa. La llevarían a algún sitio más cercano “la próxima vez”.
Fue entonces cuando lo entendí todo.