Home Entertainment Game Technology Durante mi divorcio, mi esposo se burló de mis 20 años de trabajo y dijo: “Solo eras una mula de carga”; entonces me levanté, mostré las cicatrices que él había ocultado y saqué una carpeta que borró su sonrisa frente al juez y su amante.

—La noche que quemó los documentos —declaró—, don Rogelio habló por teléfono. Dijo que, si la señora Elena reclamaba su parte, él mostraría un pagaré firmado por ella.

El abogado de Rogelio se puso rígido.

—Objeción. Eso es un testimonio de oídas.

Patricia levantó una memoria USB.

—También existe una grabación de la cámara de la bodega.

En el video se veía a Rogelio sacar expedientes de un archivero. Después hablaba por teléfono mientras sostenía un documento.

—La firma ya quedó igualita —decía—. Con esto parecerá que Elena me debe 6 millones.

Karina se levantó lentamente.

—Tú me dijiste que ella había vaciado las cuentas.

Rogelio intentó tomarla del brazo, pero ella se apartó.

—Siéntate —le ordenó.

—No vuelvas a tocarme.

Por primera vez, alguien más había visto al hombre que yo conocía.

El juez pidió el supuesto pagaré. El abogado de Rogelio confesó que su cliente se lo había entregado como prueba de una deuda conyugal. Patricia solicitó enviarlo a peritaje y congelar temporalmente las cuentas del restaurante.

Entonces entraron 2 funcionarios con una orden de inspección fiscal y laboral.

Rogelio se puso blanco.

—Elena, podemos arreglar esto —susurró.

Yo iba a responder cuando uno de los funcionarios abrió otra carpeta y dijo que habían encontrado transferencias a nombre de Karina por una cantidad que ni ella conocía.

La audiencia se suspendió justo cuando el juez preguntó de quién era realmente ese dinero.

¿Creen que Karina era cómplice o también fue utilizada? Escriban su predicción, porque en la parte final se descubre la traición más grave.

PARTE 3

Cuando la audiencia se reanudó, Karina pidió declarar. Rogelio intentó impedírselo, pero su abogado le exigió silencio.

Ella confesó que durante 2 años recibió depósitos en una cuenta que Rogelio le abrió para “ahorrar para su boda”. Nunca revisó los movimientos porque él administraba las claves. Los funcionarios demostraron que el dinero provenía de ventas ocultas, salarios retenidos y préstamos respaldados con bienes del restaurante.

Karina rompió a llorar.

—Me dijiste que todo era tuyo.

—Lo es —gruñó Rogelio.

—Eso es precisamente lo que se está investigando —intervino el juez.

El perito presentó un informe preliminar: el pagaré con el que Rogelio pretendía convertirme en deudora había sido falsificado. La firma fue copiada de un antiguo trámite bancario. La tinta y el papel tampoco correspondían a la fecha escrita.

Rogelio perdió el control.

—¡Todo lo hice para proteger lo que construí!

Me puse de pie.

—Construiste una fachada. El restaurante lo levantamos quienes trabajamos mientras tú te quedabas con el crédito.

Entonces Patricia reveló la última prueba: el local original no solo había sido comprado con el dinero de mi madre. La escritura seguía a mi nombre. Rogelio había intentado transferirlo a una empresa fantasma, pero el notario se negó porque mi firma era obligatoria.

Por eso necesitaba el pagaré falso: quería obligarme a ceder la propiedad a cambio de “perdonar” una deuda inexistente.