Un padre quiso borrar a su propia hija para salvar su reputación, pero la madre encontró la prueba que podía hundirlo todo: dinero sucio…-lbsuong

Pero esa misma madrugada, cuando pensé que lo peor ya había pasado, una enfermera entró corriendo al cuarto de Sofía.

—Capitana… su hija no está.

La cama estaba vacía. La ventana, abierta.

Y sobre la almohada había una nota:

“Si quieres verla viva, ven sola.”

PARTE 3

Sentí que el mundo se quedaba sin sonido.

Por dos segundos no pensé, no respiré, no fui soldado ni esposa ni nada. Sólo fui una madre mirando la cama vacía de su hija.

Luego volví a mí.

—Cierren todas las salidas —ordené—. Revisen cámaras, azoteas, estacionamientos y bosque. Nadie entra ni sale.

Héctor apareció corriendo. En las cámaras se veía a un hombre vestido de negro entrando por la parte trasera del centro médico. No era un ladrón común. Se movía como alguien entrenado.

Mi celular vibró.

“Bodega vieja del lado poniente. Sola. Sin policías.”

Fui.

La lluvia caía pesada sobre los árboles del Ajusco. Caminé hacia la bodega con el arma baja y el corazón clavado en la garganta. Al empujar la puerta, vi a Sofía atada a una silla, con cinta en la boca, llorando sin hacer ruido.

Frente a ella estaba Rogelio “El Sombra”, un traficante que yo había capturado años atrás en Sonora. Tenía una cicatriz en el cuello y la misma sonrisa podrida.

—Capitana Robles —dijo—. La familia siempre es el punto débil.

—Suéltala.

Rogelio rió.

—Tu marido pagó para que la sacara del país. Dijo que si la niña desaparecía, los videos dejarían de importarle a la prensa.

Sentí que la sangre se me congelaba.

Rogelio marcó un número y puso el altavoz.

—Ya llegó tu esposa.

La voz de Daniel respondió, quebrada y desesperada:

—Llévate a la niña. Hazlo ya. Si Sofía sigue aquí, me destruye para siempre.

Miré a mi hija. Ella escuchó. Y aunque era pequeña, entendió suficiente.

—Daniel —dije.

Hubo silencio.

—¿Ibas a vender a tu propia hija?

—¡Tú me obligaste! —gritó—. Me quitaste todo. Me dejaste sin salida.