La joven de 22 años fue obligada por su madrastra a acostarse con uno de sus socios comerciales, y huyó desesperada al coche de un desconocido… pero ese momento del destino cambiaría su vida para siempre

Los frenos chirriaron.

El coche dio un volantazo y se detuvo tan cerca que el calor del capó le rozó las rodillas.

Durante un terrible segundo, nadie se movió.

Entonces Elena corrió hacia la ventanilla del pasajero y golpeó el cristal con ambas manos.

“¡Ayúdenme! ¡Por favor! ¡No me dejen aquí!”
Dentro del vehículo, Matthew Carranza levantó la vista desde el oscuro asiento trasero.

No era el tipo de hombre que se dejaba llevar por el caos. Era el tipo de hombre al que los demás esperaban, temían y obedecían. Su traje a medida permanecía completamente seco. Su rostro no revelaba nada. Su teléfono aún brillaba en su mano tras la llamada que acababa de terminar.

Pero la joven empapada afuera no parecía una trampa.

Parecía alguien que había agotado sus últimas esperanzas.

La mirada de Matthew se desplazó de su mejilla magullada a sus pies descalzos, luego hacia la oscura carretera tras ella, donde la linterna se acercaba.
Su voz era suave.

«Abre la puerta».
El conductor dudó solo un instante antes de abrir la puerta.