Me miró como si intentara reconstruir la realidad en tiempo real.
—Esto… esto no es… —empezó.
Pero sí lo era.
Todo lo que había descartado.
Todo lo que había subestimado.
Estaba justo frente a él.
El poder no necesita ser ruidoso.
No discute.
No se explica.
Simplemente disipa la ilusión.
Lo que siguió no fue venganza.
Esa es la parte que la gente malinterpreta.
La venganza es emocional.
Esto no lo era.
Esto era claridad.
Se trazaba una línea donde antes no la había.
La sala presenció cómo todo lo que Adrian creía controlar se le escapaba de las manos; no de forma dramática, ni caótica, sino decisiva.