Gwen exhaló con voz temblorosa. —Eso fue lo que le dijo nuestra madre. No solo mintió, Heather. Les robó dieciocho años a todos ustedes.
Abrí la tercera carta tan rápido que casi la rompí.
—Si es niño, espero que se ría como tú cuando estás muy feliz.
Me llevé la mano a la boca.
Leo me miró fijamente. —Él escribió eso.
—Pensaba que lo odiaba.
Asentí y le pasé una de las tarjetas de cumpleaños.
—Léela —dije.
La abrió con cuidado.
Dentro, la letra era de Andrew.
—Para mi hijo/a,
No sé si alguna vez verás esto. Pero si tu madre te dice que la amaba, créelo con todo tu corazón.
Nadie dijo nada.
Entonces Leo miró a Gwen. —¿Sabías esto?
—No sé si alguna vez verás esto.
—No sabía nada de las cartas entonces —dijo Gwen—. Estaba en la universidad y mi madre ya me consideraba una desgraciada, así que nadie me contaba nada a menos que fuera absolutamente necesario. Andrew me llamó después de que se mudaran, desesperado. Me dijo que Heather estaba embarazada y que mamá no le dejaba volver.