OCULTÉ MI IDENTIDAD Y ENTRÉ A TRABAJAR EN LA EMPRESA DE MI ESPOSO. CUANDO TOMÉ SU TERMO, LA SECRETARIA SE ME FUE ENCIMA

Y en vez de volver a esconderlo, lo dejé sobre el escritorio, junto a una carpeta con el nuevo nombre del proyecto social más grande de la empresa:

Fundación Rosa Blanca.

Sonreí apenas.

No porque hubiera olvidado.

Sino porque, al fin, había sobrevivido.

Y esta vez, ya no era la esposa de nadie.

Era Valeria Monteverde.

La mujer que cayó desde lo más alto del engaño…

y aun así encontró la fuerza para levantarse más grande que nunca.

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