—Sí.
Daniel se acercó.
—Eso no tiene sentido.
La enfermera siguió revisando.
Y entonces su expresión cambió.
—Doctor…
—¿Qué ocurre ahora?
—Este expediente… no corresponde a Noah.
Todos nos quedamos en silencio.
—¿Cómo que no? —preguntó Megan.
La enfermera miró el nombre completo.
—Este bebé no se llama Noah Carter.
El aire en la sala se volvió pesado.
—Entonces… ¿cómo se llama? —pregunté con un susurro.
La enfermera respiró profundo.
—Lucas Carter.
El silencio fue absoluto.
Daniel miró a Megan.
Megan miró al médico.
—Eso es imposible —dijo Daniel.
El médico frunció el ceño.
—Necesitamos revisar algo.
Minutos después llegó la supervisora del hospital.
Traía varios archivos.
Su rostro estaba tenso.
—Creo que tenemos un problema muy serio.
Mi corazón volvió a acelerarse.
—¿Qué problema?
La supervisora respiró hondo.
—Hace dos meses… el día en que su bebé nació… hubo un error en la sala de maternidad.
Sentí que el mundo se detenía.
—¿Qué tipo de error?
La mujer habló despacio.
—Dos bebés fueron intercambiados accidentalmente.
El silencio fue tan profundo que parecía imposible respirar.
Megan dejó escapar un sollozo.
Daniel se quedó inmóvil.
Y yo…
Sentí que mis manos volvían a temblar.
La supervisora continuó: