Dulce.
Artificial.
Mi estómago se volvió.
Me quedé donde estaba.
No me he movido.
No hablé.
Hasta que Sophie salió.
Envuelto firmemente en una toalla.
Cabeza hacia abajo.
Como siempre.
Me arrodillé de inmediato.
—Oye, cariño —dije suavemente.
Me miró, y por un breve segundo, algo parpadeó en sus ojos.
Alivio.
Entonces desapareció.
– Estoy cansada -susurró-.
—Lo sé —dije, tirándola de mis brazos. – Está bien.
Detrás de mí, escuché a Mark bajar.
Cálmate.
Sin Molestar.
Como si nada hubiera pasado.
Como si nada estuviera mal.
Pero algo andaba mal.
Y ahora–
Ya no iba a ignorarlo.
Un golpe explotó en la puerta principal.
En voz alta.
Afilado.
Autoritario.