Una sonrisa fría le tocó la boca. “Cinco años de silencio. Pensé que deberíamos ponernos al día”.
Volví hacia la ventana. “Siempre confundes la crueldad con la confianza”.
“Y siempre confundiste secretos con inocencia”.
Mi estómago se apretó. Ahí estaba. La acusación que nos ha destruido.