Había sido la gestora de confianza de la familia durante casi una década. Conocía cada euro que entraba y salía de las cuentas, cada inversión, cada gasto. Por eso su llamada urgente había alarmado tanto a Cristina.
Antes de empezar, dijo Elena sirviéndose un vaso de agua con manos temblorosas. Necesito que sepas que jamás habría permitido esto si hubiera sabido lo que estaba pasando de verdad. Cristina frunció el ceño, sintiendo como su hijo se movía inquieto en su vientre, como si también percibiera la gravedad del momento.
Elena, me estás asustando. ¿Qué ha descubierto? La gestora abrió una carpeta color burdeos y extrajo varios extractos. bancarios marcados con postits amarillos. Esta mañana, después de tu llamada sobre el divorcio, decidí revisar todas las cuentas para preparar el informe patrimonial final y encontré irregularidades.
¿Qué tipo de irregularidades? Elena señaló una línea marcada en el extracto de septiembre. Transferencias. Damián ha estado haciendo transferencias mensuales desde la cuenta empresarial a una cuenta personal que no está registrada bajo su nombre.
El corazón de Cristina se aceleró. Después de todo lo vivido en el juzgado, aún había más sorpresas. ¿Cuánto dinero estamos hablando? En los últimos 8 meses, unos 45.000 € Elena pasó las páginas mostrando cada transferencia marcada.
Siempre el día 15 de cada mes, siempre la misma cantidad, 5.625 €. Cristina sintió cómo se le secaba la boca. Esa cantidad no era casual, era exactamente el salario mensual que ella ganaba en el centro de salud.
¿A nombre de quién está la cuenta receptora? Elena dudó un momento antes de responder. Ru Díaz Moreno. El silencio que siguió fue tan denso que parecía tener peso propio. Cristina se recostó en la silla procesando la información.
Durante meses, mientras ella trabajaba dobles turnos en el centro de salud para ahorrar dinero para el bebé, su marido había estado regalando el equivalente a su salario completo a su amante.
¿Hay más?, preguntó con voz ronca. Elena se acercó gravemente y abrió otra sección de la Gastos no declarados, un apartamento en la avenida diagonal alquilado bajo el nombre de la empresa como oficina técnica, pero que según mis investigaciones se usa para otros fines.
Lo sé, es donde se veían. Pero además del alquiler hay gastos de decoración, facturas de restaurantes caros, incluso una factura de una joyería del pase de gracia. Elena señaló cada documento, todo cargado como gastos de representación empresarial.
Cristina cerró los ojos sintiendo como la traición se multiplicaba como una hidra. No solo la había engañado con otra mujer, había usado su empresa, su dinero, para mantener a su amante como si fuera una princesa.
¿Cuanto en total? Entre las transferencias directas y los gastos encubiertos, cerca de 80.000 € en 8 meses. La cifra flotó en el aire como una sentencia. Elena se acercó un poco más bajando la voz.
Cristina, esto es técnicamente es apropiación indebida. Damián ha usado fondos empresariales para gastos personales sin autorización de la propietaria. ¿Podríamos denunciarlo? Denunciarlo. Cristina abrió los ojos. ¿Qué implicaría eso? cargos criminales.
Podríamos estar hablando de entre dos y 6 años de prisión según la cantidad, y tendríamos que devolver todo el dinero con intereses y multas. Cristina se levantó lentamente y se acercó a la ventana.
Abajo en la calle Valmes, la vida continuaba su curso normal. Gente que compraba en la farmacia, estudiantes que entraban y salían del metro, parejas que caminaban tomadas de la mano, vidas normales, sin el drama que había consumido la suya durante tantos meses.
Elena, sí, tú, ¿qué harías? Si fueras yo, ¿qué harías? Elena se quitó las gafas y las limpió cuidadosamente antes de responder. Como gestora, te diría que protejas tus intereses y los de tu hijo.
Como mujer, hizo una pausa significativa. Como mujer que ha visto demasiados casos como este, te diría que a veces la mejor venganza no es la que destruye al otro, sino la que te construye a ti.
Cristina avanzó lentamente, acariciando su vientre. Necesito pensar. Necesito hablar con alguien. Por supuesto, pero Cristina, ¿necesitas saber algo más? Elena se puso las gafas de nuevo. Esta mañana después de la vista, Ru Díaz llamó preguntando si podía acceder a las cuentas empresariales para ayudar con la gestión administrativa.
En serio, a Cristina se le escapó una risa amarga. Ni siquiera han pasado 3 horas desde que descubrió que Damián no tiene nada y ya está intentando conseguir acceso a mi dinero.
Le dije que solo la propietaria de la empresa podía autorizar esos accesos, pero insistió mucho. Incluso mencionó que podría convencer a Damián para que hiciera algunos cambios en la estructura empresarial.
Cristina se giró hacia Elena con una expresión que la gestora no le había visto nunca. Ya no era la fisioterapeuta dulce y confiada que había conocido años atrás. Era una mujer que había aprendido tal vez demasiado tarde, que en este mundo había que saber defenderse.
Elena, quiero que hagas algo por mí, lo que necesitas. Quiero que prepare un informe completo de todas estas irregularidades, fechas, cantidades, conceptos, todo documentado legalmente. Hizo una pausa mirando de nuevo hacia la calle.