Ella me miró… y aun así extendió la mano.
—Ahora estamos aquí —susurró.
Y de alguna manera, eso fue suficiente para empezar de nuevo.
Dejamos esa vida atrás.
La casa. Los recuerdos. Las sombras.
Matthew todavía se despierta algunas noches, pero ya no tiene miedo de hablar.
Mi madre sigue sanando, pieza por pieza.
¿Y yo?
Conservo el libro de cuentas.
No como un recordatorio de lo que perdimos…
sino de lo que la verdad todavía puede salvar.
Porque las mentiras pueden sobrevivir durante años.
Pero la verdad…
solo necesita un instante para romperlo todo.