“Tenemos un problema.” El anciano empezó a husmear. “Ven aquí ahora mismo.”
No podía creer lo que estaba a punto de suceder…
PARTE 2
Valeria llegó veinte minutos después con dos excompañeras de clase y una abogada especializada en víctimas. Entraron en silencio, pero con una seguridad que cambió el ambiente del patio.
Rubén palideció al verlos.
-¿Quién eres?
—Valeria Montes —respondió—. Estoy aquí porque el dueño de la casa me invitó. Y porque una mujer acaba de ser agredida delante de testigos.
Esteban intentó intervenir.
—No tienes autoridad.
Valeria lo miró de arriba abajo.
—No necesito autoridad para observar, documentar y denunciar a quienes sí la tienen.
Entonces se acercó a Mariana.
—¿Necesita atención médica?
Mariana miró a Rubén. Él la fulminó con la mirada. Por un instante pensé que volvería a quedarse callado. Pero entonces respiró hondo.
—Mi marido me pegó. Hoy no fue la primera vez.
Rubén soltó una risa nerviosa.
“Está exagerando. Mi esposa es muy dramática.”
—No estoy exagerando —dijo Mariana con la voz quebrada—. Tengo fotos. Tengo mensajes. Tengo miedo todos los días.
El silencio pesaba más que cualquier grito.
Valeria me pidió hablar conmigo en privado.

—¿Por qué dijiste que había algo más?