¡A mi esposa se le enseña a obedecer aunque sea enfrente de su padre!

—Te necesito en mi casa. Ahora mismo. Violencia doméstica… y creo que hay algo más.

Rubén me miró con odio.

—¿A quién llamaste, viejo entrometido?

—A alguien que sepa hacer preguntas.

Esteban se puso de pie, enorme, con su carísimo reloj brillando al sol.

—Señor Salgado, no se meta en asuntos de pareja.

—Cuando un hombre golpea a mi hija en mi casa, deja de ser un problema de pareja.

Entonces Mariana susurró:

—Papá… esto lleva pasando más de un año.