Gracias por mostrarme que Dios es real, que el cielo es real, que el amor nunca muere. Y entonces algo extraordinario sucedió. No puedo probarlo, no puedo demostrarlo, pero sentí una respuesta. No palabras audibles, pero una impresión clara en mi mente. Te lo dije, Marco. Te dije que nos veríamos pronto y aquí estás. Y algún día en el verdadero cielo nos veremos cara a cara. Espérame allá. No eran mis pensamientos, eran suyos. Estoy seguro de ello. Cuando regresé a Monza después de la beatificación, supe que era tiempo de compartir mi historia públicamente.
Durante 14 años solo la había compartido con investigadores eclesiásticos, familia cercana y algunos colegas. Pero ahora con Carlo, oficialmente reconocido como beato, sentí que era mi deber contar al mundo lo que había experimentado. Contacté a un periodista católico local, le conté toda la historia. Él la publicó en noviembre de 2020. El titular decía: “Paramédico ateo transportó a Carlo Acutis horas antes de su muerte. 23 minutos que cambiaron su vida para siempre.” El artículo se volvió viral. Miles de personas lo leyeron, cientos me contactaron.
Tu historia me dio esperanza. Yo también era ateo. Ahora estoy considerando volver a la iglesia. Gracias por compartir las últimas palabras de Carlo. Pero lo más impactante fueron las historias que comenzaron a surgir. Otros paramédicos, enfermeras, doctores que habían cuidado a Carlo en sus últimos días. Cada uno con su propia historia de cómo Carlo los había transformado. Una enfermera que había perdido su fe después de años viendo sufrimiento infantil. Carlo le dijo, “Tu trabajo es sagrado. Cuidas el cuerpo de Cristo en cada paciente.” Ella recuperó su fe, un doctor que se había vuelto cínico.
Carlo le preguntó sobre su familia, sus sueños, su alma. El doctor comenzó a ver a los pacientes como personas. No como casos. Estábamos todos conectados por este hilo común. Carlo Acutis nos había cambiado a todos. Ahora, en 2024, 18 años después de la muerte de Carlo, todavía trabajo como paramédico. Tengo 52 años. Probablemente me jubile en 5 años, pero cada día, cada llamada, cada paciente veo como una oportunidad, una oportunidad de ser lo que Carlos fue para mí, un puente hacia fácil.
Todavía veo sufrimiento, todavía veo muerte, todavía veo tragedias que rompen el corazón. Pero ya no me preguntan por qué Dios permite esto. Ahora pregunto, ¿cómo puedo Dios usar esto para bien? Porque eso es lo que Carlos me enseñó, que Dios no causa el sufrimiento, pero lo redime, lo transforma, lo usa para propósitos eternos que no siempre podemos ver. Hace dos meses transporté a un adolescente de 14 años con cáncer. Me recordó tanto a Carlos. Durante el transporte me preguntó, “¿Tengo que tener miedo?” “No”, le dije con certeza absoluta.
“No tienes que tener miedo, porque incluso si lo peor sucede, hay algo hermoso esperándote al otro lado. Puedo contarte sobre alguien que lo sabía.” Y le conté sobre Carlo, sobre ese día en 2006, sobre 23 minutos que cambiaron todo. El chico escuchó con atención. Cuando llegamos al hospital me dijo, “Quiero ser como ese Carlo. Quiero enfrentar lo que viene con paz. Está en remisión ahora, pero incluso si no hubiera sobrevivido, sé que habría enfrentado la muerte diferentemente, porque Carlo, a través de mí, le dio la misma esperanza que me dio a mí.
Hoy, 18 años después quiero terminar esta historia con las mismas palabras que Carlo me dijo, las últimas palabras antes de que lo entregara al hospital, las palabras que resonaron en mi mente durante casi dos décadas. Dios te ama. Incluso cuando dudabas, incluso cuando lo rechazabas, él nunca dejó de amarte. Si eres ateo, agnóstico o simplemente dudas, estas palabras son para ti. Y Dios te ama ahora, en este momento, con todas tus dudas, con todo tu escepticismo, con todo tu rechazo.
Él te ama y está esperando, esperando pacientemente, esperando que des ese primer paso de regreso. No tiene que ser un paso grande, puede ser pequeño. Como mi oración en esa iglesia vacía, no sé si existes, pero si existes, muéstramelo. Eso es todo lo que necesitas. Honestidad, apertura y Dios hará el resto. Carlo lo hizo conmigo. Puede hacerlo contigo. Beato Carlo Acutis, ruega por nosotros. Ayúdanos a enfrentar el sufrimiento con propósito, la muerte con paz y la vida con amor.
Gracias, Carlos, por esos 23 minutos. Gracias por cambiar mi vida. Gracias por mostrarme que el cielo es real. Nos veremos pronto en el verdadero cielo, donde finalmente podré agradecerte cara a cara. Hasta entonces continúo tu misión siendo un puente, siendo una voz, compartiendo tu mensaje, que Dios es real, que el amor nunca muere y que incluso en nuestros momentos más oscuros nunca estamos solos. Amén. Esta es la historia real de Marco Baldini, un paramédico ateo que transportó a Carlo Acutis 24 horas antes de su muerte.