El juicio final
Troy cayó de rodillas.
—¡Elena! ¡Perdóname! ¡Te amo! ¡Estaba confundido!
Dos guardias lo sujetaron.
—No toques mi vestido —dije con frialdad—. Antes lo llamaste basura.
Miré a Lorenzo.
—Despido inmediato. Retiren sus privilegios. Bloqueen su acceso a todas las empresas de Asia. Auditoría total de sus cuentas.
—Sí, señora.
Troy gritaba desesperado.
—¡Voy a morir sin esto!
Yo lo miré sin emoción.
—Me dijiste que no pertenecía a tu mundo… tenías razón. Tu mundo es pequeño. El mío es el que tú nunca entendiste.
Me di la vuelta.
—Saquen la basura.
Y así, el hombre que intentó humillarme fue expulsado mientras toda la sala me observaba como lo que realmente era:
la verdadera dueña de todo.