Mi esposo quemó mi única ropa decente para que no pudiera asistir a su fiesta de ascenso…


La fiesta y la arrogancia

En el Hotel Grand Monarch, el salón estaba lleno de lujo.

Troy era el centro de atención, con una copa en la mano y Vanessa a su lado.

—¡Felicidades, Troy! Dicen que la misteriosa presidenta vendrá hoy —comentó un ejecutivo.

—No tengo nada que temer —respondió él orgulloso—. Soy el mejor vicepresidente.

Vanessa se rió.

—Tu esposa debe estar llorando en casa ahora mismo.

—Que llore. Es basura. Nosotros somos la élite.

Ellos no sabían que hablaban de la misma mujer a la que habían humillado horas antes.

De repente, la música se detuvo.

Las luces se apagaron.

Un foco iluminó la entrada.

El señor Lorenzo subió al escenario.

—Damas y caballeros… es un honor presentarles a la única dueña de Consunji Global

La señora Elena Ysabel Consunji.

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