—“Lucía…” —dijo.
Ella lo miró.
Sin odio.
Sin cariño.
Solo… indiferencia.
—“Felicidades” —añadió él.
Lucía asintió levemente.
—“Gracias.”
Nada más.
No hubo abrazo.
No hubo perdón.
No hubo oportunidad.
Porque algunas decisiones… no tienen regreso.
Ricardo intentó decir algo más… pero se detuvo.
Miró a su alrededor.
Nadie lo miraba con respeto.
Nadie lo admiraba.
Era solo un hombre más… cargando con sus errores.
Valeria ya no estaba.
Se había ido.
Y por primera vez en muchos años… se quedó completamente solo.
Yo tomé la mano de mi hija.
Y salimos juntas del auditorio.
Sin mirar atrás.
Porque nosotras… ya habíamos ganado.