Ryan se quedó en shock.
Según explicó después, nunca antes le habían exigido algo así. En su experiencia de más de tres años en ese lugar, las propinas siempre habían sido para quien las recibía directamente. Y en este caso, además, los clientes habían dejado claro que el dinero era específicamente para ella.
La conversación se volvió incómoda. De un momento a otro, lo que había sido una noche de felicidad empezó a transformarse en una situación tensa, llena de dudas e incertidumbre.
¿Debía aceptar y perder el dinero que tanto necesitaba?
¿O debía defender lo que claramente le habían dado a ella?
Mientras tanto, los clientes que habían organizado la sorpresa comenzaban a enterarse de lo que estaba pasando… y no iban a quedarse callados.