Los primeros días fueron extraños.
Noah no confiaba en nosotros. Y tenía sentido.
Éramos desconocidos en su mundo.
Dormía poco.
Comía con dificultad.
Y había momentos en los que simplemente… se quedaba mirando al vacío.
Como si estuviera esperando que todo desapareciera.
Pero no desaparecimos.
Nos quedamos.
Día tras día.
Sin promesas grandes.
Solo presencia.
Hasta que un día… pasó algo pequeño.
Pero enorme.
Una sonrisa.
No fue perfecta.
No fue larga.
Pero fue real.
Y fue nuestra.
Después vinieron los retos de verdad.
Terapias constantes.
Citas médicas interminables.
Explicaciones que nunca parecían suficientes.
Había días buenos.
Y días… muy duros.
Días en los que parecía que todo el esfuerzo no avanzaba.
Días en los que el mundo se sentía demasiado pesado para él… y para nosotros.
Y sí… hubo momentos de duda.
No sobre Noah.
Nunca sobre él.
Sino sobre si el mundo sería justo con él.