Que a veces el peligro no entra gritando: entra sonriente, perfumado y con anillo en la mano.
Que muchas mujeres no mueren por “mala suerte”, sino por confiar en quien jamás debieron.
Y que, a veces, la única persona que se atreve a decirte la verdad… es justo la que todos prefieren ignorar.
Desde entonces, cada vez que una mujer me dice: “Capaz estoy exagerando”, yo le respondo lo mismo:
No ignores eso que te aprieta el pecho. A veces la intuición no avisa tarde. Avisa justo a tiempo.