A minutos de firmar su boda, una mujer de la calle le agarró la mano y le susurró: “Si te casas, te mueres”; horas después, ya en su nueva casa, vio en el celular de su esposo un mensaje que la dejó helada…

Que a veces el peligro no entra gritando: entra sonriente, perfumado y con anillo en la mano.
Que muchas mujeres no mueren por “mala suerte”, sino por confiar en quien jamás debieron.
Y que, a veces, la única persona que se atreve a decirte la verdad… es justo la que todos prefieren ignorar.

Desde entonces, cada vez que una mujer me dice: “Capaz estoy exagerando”, yo le respondo lo mismo:

No ignores eso que te aprieta el pecho. A veces la intuición no avisa tarde. Avisa justo a tiempo.

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