Primero fingió preocupación.
—Sofi, estás exagerando. Ven y hablamos.
Después se enojó.
—No me hagas quedar mal con la gente.
Luego pasó al chantaje.
—Mi mamá está destrozada. Tu mamá no entiende nada. ¿De verdad vas a arruinarlo todo por una paranoia?
Esa frase me terminó de abrir los ojos: para él, lo grave no era que yo hubiera descubierto un plan para matarme. Lo grave era el escándalo.
Cuando lo detuvieron, estaba en su oficina.
A Marcos lo agarraron el mismo día.
Yo pensé que iba a sentir alivio inmediato, pero no. Lo que sentí fue cansancio. Un cansancio brutal, viejo, como si hubiera envejecido de golpe en menos de un mes.