A minutos de firmar su boda, una mujer de la calle le agarró la mano y le susurró: “Si te casas, te mueres”; horas después, ya en su nueva casa, vio en el celular de su esposo un mensaje que la dejó helada…

Primero fingió preocupación.

—Sofi, estás exagerando. Ven y hablamos.

Después se enojó.

—No me hagas quedar mal con la gente.

Luego pasó al chantaje.

—Mi mamá está destrozada. Tu mamá no entiende nada. ¿De verdad vas a arruinarlo todo por una paranoia?

Esa frase me terminó de abrir los ojos: para él, lo grave no era que yo hubiera descubierto un plan para matarme. Lo grave era el escándalo.

Cuando lo detuvieron, estaba en su oficina.

A Marcos lo agarraron el mismo día.

Yo pensé que iba a sentir alivio inmediato, pero no. Lo que sentí fue cansancio. Un cansancio brutal, viejo, como si hubiera envejecido de golpe en menos de un mes.