“Ya casi se van… Karen, no puedo con esto. Solo necesito que él ponga mi nombre en la escritura. Cuando las adopte, serán nuestro problema. Necesito que ellas desaparezcan. Esa casa y el dinero del seguro deberían ser para nosotros.”
Sentí náuseas. Me fui sin hacer ruido, me senté en el coche y traté de ordenar mis pensamientos. Estaba furioso, herido y, al mismo tiempo, sabía que una confrontación impulsiva podía arruinarlo todo. Ella tenía que mostrarse tal como era, y tenía que hacerlo delante de otros.
El plan silencioso
Cuando volví a entrar, fingí normalidad. Sonreí, la saludé como si nada hubiera pasado y, esa noche, interpreté mi papel con cuidado.
Le dije que quizá tenía razón, que tal vez era mejor “dar en adopción” a las niñas. Sus ojos se iluminaron al instante. Después añadí que debíamos casarnos pronto, que si queríamos resolver todo, lo mejor era hacerlo cuanto antes.
Jenna no pudo ocultar su entusiasmo.
- Empezó a hablar de una gran fiesta.
- Contó a su familia que todo iba perfecto.
- Planeó cada detalle como si ya hubiera ganado.
Mientras ella soñaba con el futuro que imaginaba para sí misma, yo preparaba otra cosa: la verdad.